jueves, 16 de octubre de 2008

Un hombre y un martillo

Un hombre quería colgar un cuadro en la pared de su casa, pero se dio cuenta de que le hacia falta un martillo y él no tenía ninguno. Entonces decidió pedírselo prestado a su vecino, cuya casa estaba a medio kilómetro de la suya.

Mientras iba de camino a casa del vecino, nuestro hombre comenzó a darle vueltas a la cabeza, preguntándose si su vecino le prestaría la herramienta. "¿Será tan amable de dejarme su martillo? ¿Me haría el favor?"... Pero empezó también a creer que, al ir a su casa, podía molestar a su vecino: "Seguro que mi vecino está durmiendo la siesta y le despierto al llamar" - se iba diciendo- "eso le molestará probablemente"... "así que saldrá de mala gana a abrirme la puerta"... "me gritará: ¡Qué diablos quieres a esta hora!", "bueno -se dijo el hombre- entonces yo le pediré: ¿Puedes prestarme tu martillo para colgar un cuadro?"... "y mi vecino -continuaba pensando el hombre- me responderá con un ¡no! rotundo, como venganza por haberlo despertado de la siesta"... "me gritará: ¡¿Para esa tonteria vienes a molestarme?!

Entre tanto pensamiento, nuestro hombre había llegado ya caminando hasta la puerta de su vecino. Llamó al timbre. Su vecino le abre y nuestro hombre, sin dejarle mediar palabra, le grita: "¿Sabes que te digo? ¡Que os vayais al infierno tú y tu maldito martillo!"

7 comentarios:

Ligia dijo...

Ja, ja, muy bueno. ¿Cómo se quedó el vecino?

Astrágalo dijo...

JAJAJJAAJAJAJ... eres genial, pobre hombre, ya no se acercara mas a la casa de su vecino. Curioso relato, sabia que me gustaría tu entrada antes de entrar a tu rinconcito, es como un presagio.

Un besito astragalin.

AguaDeRocío dijo...

Buenisimo ...

Un achuchon enorme

Velvetina dijo...

¡Cuántas lecciones debemos de aprender de ese cuento!... A veces, a mi me ocurre los mismo cuando necesito pedir un martillo, aunque cuando toco a la puerta de quien sea necesario no suelo gritar, porque me doy la media vuelta antes de terminar el camino. Lo gracioso es que si ese martillo lo necesita alguien, entonces, voy ¡embalada como una flecha y con la mente en blanco!... ¡Ay!, cada día vamos conociéndonos más a nosotros mismos.

Un beso

Velvetina

Mari dijo...

Como dice Velve... muchas lecciones tendríamos que aprender de esto...

meggan dijo...

es curioso pero el real.yo soy un poco como,velvetina
enfin he aprendido a ir a comprar el martillo,porque afin de cuentas
lo necesitaré otro dia
y volvere a esar agobiada
eso es lo que aveces hago...
enfin me vuelvo un poco rara jajajaja

Salegna dijo...

Buenísimo, me encantan estos relatos cortos, todos ellos llevan una lección.
Besos